Traducción de la carta enviada por la sobrina de Léonie:

Sœur Geneviève Jeanningros, la sobrina de Léonie Duquet, envió para el día de la imposición del nombre a la escuela, una carta en francés, la que fue traducida y leída el 12 de abril de 2017, día del ACTO de Imposición de nombre a la escuela

Traducción de la carta enviada por la sobrina de Léonie:

Léonie, hermana de mi madre, nació en 1916 en el seno de una familia campesina, familia numerosa muy ligada a los valores de la Fe transmitida por la Iglesia. Ella era la más joven de 9 hijos.

En 1936, con 20 años, entró a la Congregación de Hermanas de Misiones Extranjeras.

En 1949, partió hacia la Argentina con otras 5 hermanas. Su deseo era cruzar el mar para ayudar a los más pobres y anunciar el Evangelio hasta los confines de la Tierra. Toda su vida fue esta búsqueda de los más pobres y ese deseo de anunciar el Evangelio.

Léonie volvió a Francia solamente dos veces: en 1962 y en 1970. Fue en su primera estadía que pude conocerla más, yo tenía solo 6 años cuando partió hacia Argentina. Mi madre estaba postrada, paralizada, entonces ella vino a la casa familiar. Ese tiempo fue magnífico, compartimos muchas cosas. Léonie estaba llena de vida, muy alegre. Yo tenía 19 años en ese momento y sentía en mi corazón ese mismo amor por Jesús y por los pobres. Fue también, en ese momento durante su primera visita, que ella fue a Roma, a la procuraduría de los padres de Misiones en el Extranjero. Eran los comienzos del Concilio y el encuentro de obispos de todas partes, allí se remarcaron mucho dos aspectos: la Iglesia en medio del mundo, especialmente el mundo de los pobres y el descubrimiento de la Palabra de Dios, la Biblia y Léonie volvió a la Argentina con ese tesoro.

Después de Córdoba y Hurlingham, ella fue también a parar en un leprosario, luego a Morón a Caritas. También vivió un poco más de un año con los Mapuches, en Malleo (Neuquén). Para ella, fue el descubrimiento de otra cultura, otro pueblo y viviendo allí, ella buscó anunciar el Evangelio a los Mapuches. Luego, vuelvió a Morón en 1968, siempre para la Catequesis.

En 1970, regresó por última vez a la casa familiar en Francia. Yo ya estaba en la fraternidad de las hermanitas de Jesús y ella me trasmitió su alegría por estar en esa comunidad, dónde vivimos con los pobres.

Al regresar a la Argentina, la situación fue cada vez más difícil. En 1972, le escribió a mi hermano, cura-obrero, esta carta, que muestra cómo era Léonie, les cito algunos fragmentos:

“Te deseo mucha paz, alegría y amor al servicio de Cristo. Hacés un trabajo formidable: luchar para la Liberación del Hombre. Es la cosa más formidable que podemos hacer.

Nosotras hemos tenido nuestro concejo este año. Estamos muy contentas de la orientación del mismo: nuestro instituto se encarga más concretamente del servicio a los más oprimidos. No es una actitud de asistencialismo que prolongaría su situación de dependencia, sino una colaboración a través de nuestra presencia a una verdadera toma de conciencia de su destino de nación, libre y responsable. Responder a los llamados urgentes de la Iglesia de hoy. La evangelización es inseparable de la lucha por la justicia y la promoción humana. Compromiso, en estos países, presente en el seno de diferentes iglesias locales. Comprometerse con el pueblo hasta las últimas consecuencias que puedan seguir como prisión, tortura, etc.

Últimamente estuve con una joven maestra que había sido torturada, una joven formidable. Te aseguro que en los jóvenes hay valores extraordinarios. Aquí, muchos de ellos son verdaderos mártires que dan su vida por el pueblo, lo que fue dicho en diferentes iglesias por nuestros verdaderos apóstoles: los curas del Tercer Mundo. La respuesta no tardó: en plena iglesia durante el sermón, militares gritaron: comunistas, marxistas, etc. ¿Por qué hacen política? La verdad saldrá a la luz. Qué pena que la mayoría de nuestros obispos están con el poder. Ahora, no tienen más fuerza para condenar, porque hay otra parte de los obispos del Tercer-mundo que, a pesar de las calumnias, de la prisión, no se callan. Te aseguro que están verdaderamente comprometidos con el pueblo.

Esta semana finalmente esperamos a Perón. ¿Qué sucederá? Sólo Dios lo sabe. Los espíritus están muy exaltados. Muchos tienen miedo ya que el clima de violencia reina aquí. Qué quieres: el hambre, las injusticias, la opresión. No hay libertad de expresión. Todo eso contribuye a convertir la atmósfera irrespirable.”

Esta carta fue escrita el 12 de noviembre de 1972. Ella anunció ya lo que iba a suceder a continuación durante la dictadura. Durante los años 1972 y 1977, Léonie vivió en la parroquia de San Pablo en Ramos Mejía, en la provincia de Buenos Aires. Ella vivió en contacto con los pobres, pero también con los jóvenes puesto que enseñó la catequesis en el colegio del Sagrado Corazón en Castelar.

“Hoy callarse sería cobarde y sería la muerte: los jóvenes esperan mucho de nosotros. Está siempre la gran alegría de darse y de sacrificarse por los otros. Lo que es formidable es este espíritu de lucha, la esperanza de días mejores, esta Liberación prometida a todos los hombres de buena voluntad.”

“Los jóvenes son formidables. Hay que ver cómo están al corriente de la política y de todos los problemas del Tercer Mundo que son el fruto de los países capitalistas como Estados Unidos y nuestra vieja Europa. No tenemos de qué estar orgullosos de nuestros países… Hay un gran deseo de paz y de buena voluntad para reconstruir el país que cayó en una gran miseria… ¿Cuándo entonces los hombres llegarán a amarse? Sin Dios, no podemos hacer nada”

. En 1975, ella escribío: “qué decirte del país. Avanzamos cada vez más hacia la catástrofe, el hambre se hace sentir cada vez más, los precios son exorbitantes. En fin, no perdamos nunca la Esperanza. Dios no abandona a sus hijos. Nosotros tenemos nuestra Misión a cumplir cueste lo que cueste… Lo que nosotros buscamos es vivir pobre con Cristo, nuestro voto de pobreza, nuestra obediencia a lo que Cristo nos pide por nuestros hermanos que nos rodean y nuestra castidad, tratando de dar alrededor nuestro un mensaje de alegría y de Resurrección”.

En 1977, Léonie recibió en su casa a Alice Domon. La hermana Alicia que tuvo que abandonar el norte de la Argentina, Perugorria, donde estaba muy comprometida en las ligas agrarias con los campesinos y que iba a unirse con las Madres de la Plaza de Mayo que buscaban sus hijos desaparecidos, con el movimiento de los Derechos Humanos y el movimiento Ecuménico. Juntas, ellas buscaron cómo hacer para estar cerca de las Madres que sufrían tanto.

El 8 de diciembre de 1977, Alicia fue secuestrada junto a un grupo de Madres de la Iglesia de la Santa Cruz y el 10 fue el turno de Léonie, llevada de la parroquia de San Pablo en Ramos Mejía. Azucena Villaflor fue secuestrada el mismo día y todo el grupo de la Santa Cruz fue transferido a la ESMA dónde fueron todos torturados.

Alrededor del 20 de diciembre, fueron arrojados al mar, vivos, en los famosos vuelos de la muerte… Algunos cuerpos fueron devueltos por el mar a la playa, a la altura de Santa Teresita. Un grupo de cuerpos no identificados fue colocado en una fosa común en el cementerio de General Lavalle.

Fueron los años de gran silencio cuando no se sabía nada de lo que había pasado. En 2005, un grupo de antropólogos forenses analizó el ADN de los restos de esta fosa. En julio, tres madres fueron identificadas: Azucena Ester Careaga y María Ponce de Bianco, la que fueron enterradas en el jardín de la Santa Cruz. A finales de agosto, fue la identificación de Angela Auad y de Léonie que también han sido enterradas en la Santa Cruz. Fue una emoción muy grande, pero aún faltaba Alicia que había estado muy unida a Léonie hasta la muerte.

Con mi hermano y mi prima vinimos a Buenos Aires para el entierro, muy conmovedor. Fue un gran impacto. Yo no había medido la amplitud del drama vivido en Argentina durante la dictadura. Pude regresar en 2010 durante el proceso judicial y en 2011 para la sentencia de ese proceso por los desaparecidos de la Santa Cruz. Tengo en mi corazón un gran reconocimiento por la Argentina que tuvo el coraje de llevar luz de verdad sobre esta página sombría de su historia… pero todos nuestros países tienen también una página sombría. Me gustó el compromiso de tantos jóvenes por un mundo mejor y les deseo a todos, esta fuerza para trabajar por una justicia cada vez más grande y misericordia entre todos. Les agradezco en nombre de toda la familia por haber dado a su escuela el nombre de Léonie. Ella los ayudará, estoy segura.

Con mucho afecto y reconocimiento

                                                                    Hermana Geneviève de Jesús (Jeanningros)

Traducción del francés, por la Prof. Sandra Palacios.